La tierra
A mi padre y a mi hijo,
los dos Oswaldos
pilares de mi nombre.
Tierra
Hoy amaneció lloviendo
la tierra se inunda de un torrente de
lágrimas amargas.
lloran las madres
Con el corazón partido
sintiendo solamente
la incertidumbre del futuro.
Reprimen, castigan
los brazos de sus hijos,
de sus esposos, sus hermanos
Repudian el golpe de nuestro
azadón y de nuestro pico al labrar la tierra,
a la vera del campo nos tornamos estatuas.
La tierra está esperando
por el campesino, el artesano y el obrero
el campo permanece vacío y ocioso
Una maraña de razones inconclusas,
incautas e injustas
han detenido el puño en el hierro.
En el pecho del obrero
se diluye el sentimiento de rechazo,
sus lagrimas ahogan el miedo y riegan
la angustia del desasosiego.
Nuestras madres lloran con angustia
no saben si la luz del sol alumbrara
al pueblo de la tez bronceada.
Patria
Nosotros campesinos,
nosotros obreros,
de corazón puro y bronceada piel
venimos a crearnos un mañana.
El sudor de nuestras frentes
huele a futuro,
con sabor a esperanza.
Nuestras manos
Se confunden con la tierra,
nuestras lágrimas
con las gotas de lluvia.
Caminamos en un laberinto
de sonidos desconocidos,
colores pálidos
y suaves sentimientos.
Construimos en una lengua desconocida
cobijados bajo el mismo sol
respirando el mismo aire.
Nos paramos a descansar
a la orilla del barranco
soñando con nuestra tierra,
donde están nuestros viejos.
Añoramos el pasado sin ver
el profundo surco
que nuestro paso va dejando
aquí, donde nacen nuestros hijos;
en ésta, nuestra patria adoptiva;
también...
“la madre patria de ellos”.
Angustia
He caminado hoy
un tramo de destino.
Siento un amargo desconsuelo.
Quieren mezquinarnos esta tierra,
nuestro refugio, la tierra de mis hijos
surcamos en este suelo una huella profunda;
con ayuda de la yunta
de obreros y campesinos.
La mano firme que
suelda el terruño con el pueblo
está siendo hostigada,
la acorralan
Nuestra sangre ha sido
utilizada para regar las macetas
de la industria, del campo y el desierto
ahora la rechazan.
La sangre en nuestras venas
hierve de esperanza,
arde de futuro.
Nuestros hermanos pálidos,
los guardianes del portón,
lo olvidaron:
nuestra sangre amalgama
las piedras de la muralla.
Invierno
El cauce del río en el indolente invierno
parece congelado al ver
su superficie inerte,
nuestras voces suplicantes
han sido calladas.
Por las entrañas profundas
del hielo
la corriente corre muda y sorda
en la misma dirección
por donde bajaba antes el torrente,
silencioso e indiferente
el raudal de nuestro pueblo
sigue recorriendo la senda
recubierta de rencor
de la gente que nos ignora.
Al no vernos pretenden
que no existimos,
al no oírnos pretenden
que no lloramos,
mas cuando el sol de primavera
derrita el odio y la tirria,
cuando la risa arranque
el sonido sordo del hastío.
Cuando el cántico del arroyo
fluya sin cadenas
y vaya a regar los prados
de nuestra tierra.
cuando albergue y nutra,
la voz de todos.
Podrán oírse en oración
inmensa las gracias
plenas al Dios eterno
Nuestra sangre
Esta es nuestra patria
aquí lloramos, aquí reímos.
Las flores de esta tierra
perfuman nuestras almas
aquí vemos salir el sol
que emana el oro de nuestros días
aquí nos visita la luna
que llena de plata nuestras noches
este pedazo de tierra en el que vivimos
ampara el amor por nuestros hijos
y zurce de esperanzas
el futuro y el mañana.
Esta es la patria adoptiva de nosotros
también la madre patria
de nuestros hijos,
de los tuyos, de los nuestros.
Nuestros hijos cultivan
las espigas doradas de los granos
conque saciamos el hambre
de fe y caridad por el prójimo
nuestros hijos de ojos tierra
respiran el mismo aire
que tus hijos de ojos cielo
ésta es nuestra patria, tuya y nuestra.
Déjanos compartir el mismo suelo
en donde ya hemos
enterrado nuestra sangre
la de nuestros hermanos, la de nuestros
padres, la de nuestros hijos.
Déjanos compartir el suelo
nuestra sangre abona tu futuro.
Huracán
El viento huracanado
de nuestra presencia innata
nos hace ver
ante ciertos ojos timoratos,
una epidemia destructora
que dañará sus cosechas,
su armonía y sus sueños.
Nosotros somos inofensivos,
aunque ariscos y orgullosos,
lo que no ven es que somos
un torbellino de ilusiones
que venimos a mover
las pesadas aspas de la industria;
nuestros corazones palpitan
al ritmo de las piedras que trillan el futuro.
Nuestras manos seguras
guían la yunta con la que aramos
la tierra para sembrar el mañana.
El ruido de la perseverancia se confunde con
el sonido de un estruendoso huracán
que asusta y preocupa a los incautos;
pero si se afanan en oír de cerca,
percibirán las canciones de triunfo,
de contento y augurio
por ser parte de un mundo que nos necesita.
Nosotros
Nosotros obreros campesinos
de piel ceniza y corazón de acero
los hombres con sus puños
fuertes como el granito
y las mujeres con senos de terciopelo
con fértiles vientres donde
germinan cual semillas doradas
el orgullo más grande
de nuestra raza...los hijos,
príncipes de bronce
un día gobernarán la tierra y el yunque
que les dejaremos como herencia
cuando sus nobles corazones
reemplacen el aliento de los nuestros.
La amada ajena
Blanca alondra de ensueño
te pareces a la luz de la luna llena
de tus ojos destellan
una fragua de luceros
la oscuridad de tu pelo
esconde entre sus delicadas sombras
tus labios color de rosas
con hálito de azucenas tiernas;
de la blancura de tus senos
como volcanes de terciopelo
estallan voluptuosos cuando
poso en tu boca mis besos
Mi corazón te oprime
al tocar tus pechos desnudos
y mi alma se inunda de melancolía
al saber que siendo tuyo
tú nunca podrás ser mía.
Magia
En los jardines frondosos
con mandarinos preñados
y girasoles brillantes
bajo el limo de salvajes madreselvas
a la vera de la luna
una danza de luz resplandeciente
confunde las sombras con los sueños
el lirio danza trémulo al seducir a la amapola
y como potra salvaje
monta el lirio enamorado
sin distancias y sin estribos;
recorriendo leguas
de gemidos, de suspiros
con el sudor de sus formas
copula el color
copula el aroma
germinando en los jardines
la magia del amor y la belleza.
Tarde de toros
Cómo recuerdo las tardes
con la niña de los ojos chinos,
y mis amigos chavales. Íbamos a torear
en la hacienda de arriba del río.
Agazapados y en cuclillas, avanzábamos silenciosos
espinándonos al saltar por los pencos del portillo.
En un cerco de eucaliptus convertíamos en ruedo
ese pedazo de campiña.
Cómo nos correteaban los novillos juguetones
y cómo nos asustaban los bramidos de los toros
que querían para sí las laderas de los montes.
Atrás de la mata de moras, con sus ojos de hechicera,
la niña nos protegía de las furiosas cornadas
cuando nos embestían los novillos de la luna.
A mi turno me erguía levantando los talones
cubriéndome con mi capa estacada por mi espada.
Más de una vez de una cornada
por la arena me revolcaba.
A la niña me le antojaba como el héroe de la cuadrilla;
en ese desfile taurino temblándome las rodillas
al capear los cuernos filudos del semental colorado.
Cuando irrumpía en el ruedo remetiendo sin tregua
a novillos y novilleros.
Corrían los toretes, corríamos los chavales
Y asustada corría, la niña de los ojos chinos.
Ya entrada la noche de regreso en casa
ni la sangre en mis heridas,
ni mis brazos magullados
consolaban a mi madre al ver hecha mil trizas
su fina mantilla de seda bendecida por el cura.
Usada en la tarde de toros como capote de Sevilla.
Enjuto y pálido, mi padre blandía en mis fondillos
su sombrilla dominguera de la que me había servido
Allá arriba en la campiña
como estoque de tentadero,
para impresionar a la niña de los ojos chinos,
enfrentándome a los novillos
armado con la espadilla y cubierto por la mantilla.
azul
Azul, el color
De las estrellas
Azul, la brisa
De tus ojos
Tu amor tienta
El aroma de las flores
Tu risa atrae
el cántico del cielo.
Azul se torna mi alma
Al oír el susurro
Amoroso de tus labios.
Pánico
Un torrente de emociones
baja por la calle,
buscando respuestas.
La gente emite
el sonido del miedo
Los campesinos, los obreros
caminan unidos
por el hambre.
unidos por la incertidumbre.
Juntos dos toros
se convierten en yunta,
juntos nosotros nos
elevamos al infinito
para conquistar nuestra
meta más alta:
la libertad.
Los cuatro caballeros
Como arrieros encantados
bajan los cuatro caballeros
con sus puños de acero
y sus plateados correajes.
Con sus canciones galantes
de sol, de sangre y arena;
vienen de amar a la luna
la señora de sus sueños.
Cabalgando en potros salvajes
recorren el campo eterno
de ilusiones y nostalgias
cargando al viento en sus ancas.
De sus altas botas lustrosas
destellan arco iris encantados
cargados de amor y anhelo
por seducir a sus preciosas damas.
Sin miedo a la desidia o a la indolencia
cada vez que la senda se pierde
juntos pican los caballos,
juntan sus puños y corazones
para regresar al camino
y uno a otro se dan consuelo.
Llenos de honra y orgullo,
sin envidias y sin rencores
hacen un festín de día
y de su amistad un duelo.
En su altar de valientes
ruegan por los caídos
y juran proteger a débiles y desvalidos.
El viento viene anunciando
a los cuatro caballeros
que galopan por la campiña
Galanteándole a la luna
y cantando el himno a la camaradería.
País
Lejos, mas allá del horizonte
siento palpitar los corazones
de la gente de mi patria.
Recuerdo los riscos nevados
y los valles de miel y oro
las espigas de trigo
bailan al ritmo de los vientos
cargados de golondrinas.
En las hoyas floridas
acepta la brisa el cortejo
de los arroyos cantarines
y bailan al unísono
con la música de los arrayanes.
Como mil botellas de champán
abiertas de un solo golpe,
la espuma de las cascadas
cubre los riscos dorados,
lecho donde las orquídeas
duermen agotadas
después de haber sido
seducidas por sus galanes
los apasionados lirios.
En las riadas fluviales de
cauces cristalinos
rumores amorosos
arrullan los sauces
fantasmas danzantes
cubriendo las orillas del camino
por donde el sol sale a cortejar
a la gran marquesa nocturna.
Al despuntar el día
el olor de azahares blancos
se confunde con el aroma
de los nardos y las rosas.
El sol madruga al esparcir
de oro las laderas, los huertos
y los valles, donde crecen
los capullos, la cebada,
el maíz y el trigo;
las frutas, el amor y el prado.
Ese prado donde bailan
y retozan los amantes;
donde ríen, lloran y cantan
besándose las manos...
A la hora de la luna
antes que las sombras
arrullen el sueño eterno,
de plata se cubren las cosas
con increíble magia.
Cómo extraño mi tierra la de antaño
cómo añoro el cantar
de los gorriones.
Anhelo
Querida dueña de la luna
por el amor que yo siento
se baten los nardos con los lirios
con sus espadas de plata
en el campo de honor
de la noche de mis sueños
mientras el duelo se cumple
yo recorro silencioso
los jardines eternos de tu rostro
y con un beso de amapola
plasmo en tu boca mi alma
sin saber si tu sentiste
el ciclón de mi esperanza.
Tu gobiernas mis recuerdos
mi ilusión más ardiente
mi presentimiento escondido
mi vida, mis sueños, mi todo;
la pasión por conquistarte
galopa por los senderos
como potro encabritado
de incontrolable brío
que salta de risco en risco
sin bridas y sin estribos.
Despierto, y en mi alma
el ciclón de mis angustias
sacude mi esperanza
tú no estás, aún no te encuentro
siento tu presencia intangible
recorrer lentamente mis mejillas
y cierro mis ojos para contener
la fuente de mis ilusiones
de mi amor y de mi esperanza.
Esperanza
Tenemos un inmenso
mar de ilusiones
delante de nuestras almas
una vida
iluminada con sueños y quimeras
nos deja suspendidos
a la vera del futuro.
No importan las lágrimas
o el sufrimiento momentáneo
o cuán difícil es, a veces, respirar
no importa que a veces las
sombras cubran los luceros;
no importa que el llanto
inunde el alma
o que el viento del otoño
arranque todas las hojas
desnudando los árboles
dejándolos completamente enjutos.
Cada noche, soñamos
escenas de amor y de esperanza;
la risa deambula por la noche
y el contento ilumina
la mañana en una nube de estupor.
Aún caídos sonreímos al nuevo día,
la fuerza de nuestros corazones ansiosos
palpita al encontrar
el ansiado sendero del futuro.
Presencia
Eres el ama de mi alma
llevas a cuesta mis pensamientos, mi amor y mis ilusiones
caminas garbosa de mi mano
y mi corazón palpita al unísono con tu sonrisa
la magia de tus ojos
me ha dejado suspendido
tus suaves caricias limpian
con tus tersas manos
la maraña oscura de mis pecados,
sin el abrigo de tu pelo mi cuerpo tiembla de frío,
sin tus besos se congela la sangre en mis venas,
sin tu aliento, se torna amarga la miel
con la que endulzo mi alma.
Sin tu presencia encantadora,
me convierto en gladiador iracundo
lucho incansable
por conquistar tus pensamientos.
Sin tí, gobernadora de mi alma
la razón de mi vida queda inconclusa.
Vida
La sangre esparcida por el lecho
el olor de la vida suspendido por un hilo
el llanto en mi pecho se detiene
en el palpitar de mis ojos húmedos
los gritos de dolor ya pararon
mi bella ya ni solloza, ni se mueve
sus ojos se han cerrado
y en mi paladar puedo
sentir la bilis que me produjo ver
su lucha incontenible por la vida
con mis manos ensangrentadas
y mi corazón me golpea incesante en el cerebro
tocaba las manos quietas, casi inertes
de los dos cuerpos inmóviles en la cama
las sábanas húmedas cubrían sus muslos pálidos
la cabeza del varón yacía
sobre los senos desnudos de mi amada.
La escena de sudor y sangre me invadía el alma.
Escena de muerte y vida
donde triunfa el bien y gana la vida.
La estancia se había quedado quieta
los llantos y gemidos se convirtieron en sonrisas,
las lágrimas de mi bella
volvían a recorrer sus mejillas.
Había despertado por el sublime movimiento de
nuestro hijo en su pecho.
Con sus labios de amapola posó en su frente un beso
y mirándolos con ternura
surgió en mi alma otro pedazo de amor,
el amor por mi hijo, sentimiento que nunca antes
había tenido. Me nació un nuevo corazón
Me acerqué a nuestro lecho y con mis manos
cuidadosamente levanté su cuerpito pequeño
para darle mi venia y presentarle al mundo.
El, con su corona de sudor y sangre
comenzaba su reinado
como príncipe de los vientos.
edad
Camino lento, la fuerza de mi alma
sigue guiando mi destino, observo mi mundo
y siempre encuentro el camino hacia adelante.
Con tesón y ansias conquisto el amanecer
gladiador dorado
hago que todos escuchen mi voz.
Salgo al diario vivir
con ímpetu y persistencia
estableciendo mi futuro paso a paso
con orgullo y paciencia
Me siento joven, invencible, seguro e infalible
Más, cuando escucho a mis hijos
hablando de mí, me quedo anonadado;
ellos me ven únicamente
como un antiguo héroe de antaño.
Me ven débil, lento, austero,
no me imaginan impetuoso o gallardo.
Para ellos ni soy moderno
ni entiendo sus problemas cotidianos.
Su amor es inmenso, su respeto loable
no me ven como yo soy:
Luchador eterno de sapiencia tenaz
Conocedor de la artes y de las ciencias
Manejador de multitudes,
De conciencias y corazones.
Explorador de las selvas más espesas
Y de los riscos más empinados;
Bien librado de espeluznantes encuentros
Con lobos, toros salvajes, osos y
hambrientos pumas bestiales.
Para ellos soy sólo un padre anticuado
Aunque querendoso y dedicado;
Según ellos invento y exagero.
Más yo, cuando cierro los ojos
y me veo interiormente.
Pienso que ellos me ven hoy,
como yo veía a mi padre
cuando pensaba que era yo,
el que había descubierto
la fuente de la verdad.
Erupción
Con tus movimientos
Digitales llenas de dicha
el pozo del placer
de tus entrañas.
Tus ojos se opacan
vidriosos,
mirando más allá
de los gemidos.
Gotitas de sudor
cubren tu frente
humedecida por el rocío,
del amanecer de tu alma.
De tu boca se escapa
un aliento huracanado
que resopla las velas
de la barca del gozo.
Acarreada por las olas
gigantescas de tus senos,
volcanes comprimidos
tus pechos explotan.
En erupciones voluptuosas
torbellinos imparables
hacen estallar la tormenta
eterna de tu cuerpo...
Del desierto boyante de tus labios
con tu lengua, humedeces
el hastío, antes de cerrar tus ojos
para esperar que llegue la aurora.
Seducción
La corriente del río viene arrastrando
los susurros seductores del sauce lagrimoso
que crece a la orilla del río.
Por su amor milenario por la dama de las aguas
Que se esconde silenciosa al lado de los arrayanes.
Al verla el sauce derrama,
diminutas lágrimas doradas para esconder
de su dueña sus galantes huellas fluviales.
La bella, a escuchar se detiene
el sensual concierto que la lluvia va entonando
en el horizonte al besar su frondoso follaje rubio.
Con pequeños movimientos,
al ver este rito obsceno, el señor de pergamino
extiende su copa al viento para cortejar a su amada.
Al despuntar la mañana,
al cántico de los arroyuelos
manan de sus fustas colgantes
suspiros de obscenas despedidas
a la seducida la Luna
Exilio
En el huerto de mi alma
la lluvia viene irrigando
la nostalgia por mi gente.
Para invocar los recuerdos de mi tierra
sacudo en mis oídos
un manojo de espigas doradas de trigo
casi puedo escuchar el paso eterno
del viento acariciando
el interminable horizonte;
las palomas y los gorriones
bailan al unísono con el ritmo
del vaivén de los trigales;
cómo añoro el meridiano
escondiendo bajo mis pies
todas las sombras;
el sol con sus rayos dorados
derrite el halito frío por el monte
de la lejanía y el olvido.
Mi pecho se me estruja
y mis lágrimas afloran
aquí lejos, en mi exilio.
Sueños
He amanecido hoy con el recuerdo de tu rostro
palpitándome tristemente en las mejillas.
He despertado de una noche de
de ensueño y pesadillas.
Comparo el indeleble recuerdo de tu rostro
y los ojos color de alma
con la luna tierna.
Fantasmas luego y
un amargo gemir de agonía.
se han cruzado por mis sueños
azahares y claveles negros
por saber que siendo tuyo
no has querido ser tú mía.
El sueño
A la hora de la luna
las sombras invaden la pradera
sólo se escucha el concierto
de manantiales escondidos
dirigidos
por la música del arroyo
el viento da la nota
que da comienzo
e inicia
a la sonata de tonos
uniformes
una lluvia de primavera
el uniforme de músicos
de esta orquesta azul
compuesta por largas capas
que protegen la penumbra
y sólo se rinden en el plenilunio.
Esa música es tan dulce
se me cierran
los ojos en un letargo
de sonrisas suspendidas.
Ambato
Yaces dormida rodeada
de riscos y montañas
en los bordes de las últimas casas
faldas bordadas de doradas espigas,
los trigales como murallas
protegen los arrabales
de las rebeldes ventiscas
que bajan de las pendientes.
Los jardines por doquier,
salpicados de claveles, de rosas
jazmines, lirios y violetas.
Son acariciados por las delicadas
manos de tus damas adoradas.
Las frutas de los ramales
de tus fecundos frutales
son germinados por el orgullo,
de tu altiva semilla.
Reciben en la mañana
el tropel de los varones
que ordeñan de sus estirpes
el germen del amor, la amistad y el apego.
El tumulto de tus gentes en raudal acucioso
se apresura cada día por afanar la labor
para cosechar el trigo con que
obran el pan, para criar a los hijos.
A la llegada de la luna, en melodioso concierto
tus damas seducidas gimen voluptuosas
al recibir de sus maridos, en sus prolíficos vientres
las semillas con las que crecerá tu pueblo.
Campesino
Héroe de bronce y viento
recorres los surcos cada madrugada
puntualmente en compañía del rocío,
sin importarte ni la lluvia ni el hambre
estrujas de la tierra la semilla y la leña
con que alimentas y abrigas tu familia.
Con callos en tus manos y con los pies descalzos
Entrada la noche regresas fatigado a tu morada
cargando sobre tu cansada espalda
un atado de esperanza y un racimo de ilusiones.
Tus hijos revolotean a la orilla de la lumbre,
demandan tu sonrisa, te susurran al oído
la inocencia de su alma.
Ya entrada la noche, la dueña de tus sueños
te despierta sigilosa para ofrecerte,
de su cuerpo de amapola
la miel apasionada de su amor
como homenaje eterno
por tu abnegación y sacrificio.
Destello de luz
Caminando junto a la luna
Pienso en tu sonrisa y en el universo de tu mirada
tienes en tus ojos tanta luz
Que cuando me miras, tornas la penumbra en día,
Y del día, sol.
Tú gobiernas mis ensueños
marquesa de plata que diriges mi amor,
mi alma y mis delirios.
A tu regazo me hinco
para entregarte mis más caras ilusiones,
las caricias más suaves,
y los pensamientos más puros.
Con mis ojos te cobijo y abrigo lánguidamente,
con un tierno susurro en tus oídos de terciopelo
te dedico una copla amorosa
y busco seducir tus pensamientos.
Al abrir mis ojos
el recuerdo indeleble de tu rostro
florece primero en mi memoria
y un torbellino de emociones
baja rodando por mis mejillas,
al saber que dudas en entregarme
Tu amor.
Padre
Recuerdo cuando me guiabas de la mano por el campo repleto de gigantescos maizales o por calles repletas de pantalones y casacas de enormes personajes, con mi diminuta estatura nunca supe cómo lucía el camino, o adónde iba, pero no importaba, sentir tu mano firme me llenaba de confianza y mi vida como pequeñín estaba completa.
Ahora me veo solo y huérfano, y cuando de mis ojos siento las lágrimas escaparse. Hoy que tengo mis propios hijos extiendo mi mano para guiarles por la vida. Te recuerdo joven y se me llena de tu risa la memoria. Quiero decirte cuánto te extraño, cuánto te quise y cuánto aún te quiero.
Me enseñaste la paciencia, el tesón, la tenacidad y sobre todo me enseñaste a amar. Tu guía constante y decidida me dio la seguridad de encontrar el camino en mi vida. La perseverancia de tu lucha es el regalo más preciado que me ofreciste. Y tu sonrisa y afecto por el prójimo me enseñó a amar a mi familia y a amarme a mí mismo.
Como padre, justo.
Como amigo, cordial.
Como juez, imparcial.
Y como ser humano, amable.
Al partir me dejaste el recuerdo más hermoso en tu sonrisa, la que me guía aun por la vida aunque tu presencia esté ausente. Mi tristeza es inmensa pero el regalo de tu memoria perdurará por siempre.